You do not currently have permission to view the full text for this document. Please sign in to an account with an active subscription or contact support.
Tal como se encuentran actualmente los trabajos físicos, biológicos, no se ha hallado una confirmación válida a los argumentos que Freud había tratado de extraer de sus teorías para establecer su teoría de la existencia de un instinto de muerte.
Se descarta más bien la idea de un decrecimiento de la entropía en los procesos vitales. La vider parece una resistencia a la homogeneización termodinámica: ella realiza el “hecho de la anti-entropía”.
Los trabajos de los biólogos no confirman la hipótesis de una muerte concebida como una modalidad del funcionalismo vital.
No se puede hablar de la existencia de instinto puesto que se trata de un nivel demasiado primitivo en la organización de la materia viva.
El instinto de muerte está concebido como salido de un fondo pulsional dividido entre la tendencia al movimiento, al deseo, a la variación y la tendencia a la inmovilidad, a la descarga de tensiones, la reforma a los orígenes inorgánicos.
El instinto de muerte es tenido en igual consideración que el instinto de vida y tenido por tan “normal” como éste.
Se le reconoce así a la muerte un doble origen: es a la vez el instinto de vida que conduce al ser hacia el nivel originario, está de acuerdo con su destino original y procede del Ello; puede ser también castigo y expresión de la culpabilidad neurótica del sujeto, en este caso procede del superyo.
En esta perspectiva, la relación de la muerte con el masoquismo, resulta más comprensible.
Por último, se hace una larga consideración sobre las relaciones del hombre con la muerte y sobre el carácter antropógeno de ésta.