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Nos hemos reunido hoy para rendir homenaje a un amigo querido y a la vez hombre extraordinario que supo conquistar el respeto, la admiración y el cariño de todos aquellos que le conocieron.
Las personas que me seguirán en el uso de la palabra se referirán a diversos aspectos salientes de su personalidad científica y su gran calidad humana; a sus relevantes cualidades de investigador profundo y serio y de creador prolífico que nos legó pensamientos y concepciones sumamente valiosas para la teoría y técnica del psicoanálisis que nos fueron y nos siguen siendo de tanto provecho para el desempeño de nuestra práctica diaria; a sus excelentes condiciones de analista didáctico, analista de control y profesor de seminarios, y a la notable capacidad y dedicación demostradas en la dirección del Instituto de Psicoanálisis.
Por supuesto, todo esto coincide con mi sentir. Pero quisiera destacar lo que considero fué el momento culminante de la brillante carrera psicoanalítica de Heinrich Racker. Acababa de recibir una de las mayores distinciones a las que podría aspirar una personalidad de tan destacados méritos como los que él tuvo: la Menninger School of Psychiatry de Topeka lo había invitado, en calidad de “Sloan Visiting Professor” a pasar allí unos meses en reconocimiento de sus grandes aptitudes.
Por otra parte, había sido designado para participar como discutidor (correlator) en el Congreso Psicoanalítico Internacional de Edimburgo reemplazando a hanna Segal quien a su vez, ocuparía el lugar dejado vacante por Melanie Klein.
Estas dos honrosas distinciones constituyen un claro testimonio del nivel alcanzado por el Dr. Racker en el ámbito científico y psicoanalítico internacional donde ya era muy conocido por sus publicaciones y trabajos, algunos de los cuales fueron adoptados entre los temas de enseñanza de institutos psieoanalítieos.
Quisiera leerles las dos cartas que el Dr. Karl Menninger le escribió a Racker; la primera al invitarlo para el cargo que le fué ofrecido como Sl