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Señoras, señores, amigos de la A.P.A., colegas del extranjero y colegas nacionales, amigos en general:
Quiero expresarles, como presidente de la A.P.A. y en nombre de los integrantes de la C. D. del Instituto de Psicoanálisis y de la. Comisión de la Clínica y de la Comisión de Revista, la gran satisfacción que experimentamos de poder darles la bienvenida en este acto de inauguración de nuestra nueva casa que es también la casa de ustedes.
Me agradaría que registren esta última afirmación no como una simple frase de cortesía sino como la manifestación auténtica de una realidad vivencial. Me apoyo para ello en el aporte moral y material con que muchos de ustedes contribuyeron a nuestro esfuerzo para conseguir este objetivo.
Como psicoanalista que se siente firme en sus convicciones, reconozco la importancia que tiene la integración de los sentimientos, afectos y actitudes en la vida. Por lo tanto me gustaría enfatizar lo importante que resulta, sobre todo para nosotros en el aquí y ahora de nuestra evolución, que el aporte sea también integrado, vale decir, moral y material, ya que su disociación no nos hubiera beneficiado.
Ya que acabo de mencionar la disociación y sus efectos negativos, permítanme que caiga en un vulgar juego de palabras y pase a referirme brevemente a la Asociación, a nuestra Asociación Psicoanalítica y a su trayectoria positiva desde el instante de su fundación hasta nuestros días.
Quisiera enfocarla siguiendo una perspectiva histórico-analítica, análoga a la que utilizamos cuando nos referimos a la evolución de un individuo. Vale decir, apoyándonos en lo que Freud denominó “las series complementarias”, que incluyen los factores hereditarios o constitucionales y los adquiridos en la experiencia infantil. En lo que se refiere a los primeros, nuestro árbol genealógico se remonta directamente a Freud, del cual entre otras ramas importantes mencionaré a Teodoro Reik que fué el analista del Dr. Garma, del Dr. Cárcamo y el Dr. Sterba, de la Dra. Langer que l