You do not currently have permission to view the full text for this document. Please sign in to an account with an active subscription or contact support.
¿Qué es la curiosidad? En la investigación psicoanalítica se ha llegado a establecer que se trata de un impulso instintivo y, como tal, tiende a establecer un vínculo particular entre un sujeto y un objeto. Es claro que “lo particular” de esa relación es lo que le dará especificidad.
A lo largo de esta exposición trataremos de ver al servicio de qué instintos puede funcionar este impulso y qué calidades de vínculo puede establecer entre el sujeto curioso y el objeto de su curiosidad. Es cierto que todos somos curiosos pero, ¿qué es lo que queremos ver? ¿cómo? ¿para qué?: eso hace las diferencias.
Empecemos por ver cuál es el momento de su aparición en el desarrollo humano. Freud lo mencionó por primera vez llamándolo “instinto de saber”, y diciendo que surgía en el momento en que al niño se le plantea el primer enigma: ¿de dónde vienen los niños?
Suponía que “conociendo el niño desde el principio de su vida un padre y una madre, acepta su existencia como una realidad que no necesita investigación alguna ni cuestiona la diferencia entre sus sexos. La curiosidad se despertaría bajo el aguijón de los sentimientos egoístas cuando se ven sorprendidos por la aparición de un nuevo niño, situación experimentada también, como posibilidad, por los hijos únicos o menores, por su observación en otras familias. La previsión de que en adelante deberá compartir todo con el recién llegado, aguza la sensibilidad y el pensamiento del sujeto. Bajo el estímulo de estos sentimientos y preocupaciones comienza el niño a reflexionar y a preguntarse de dónde viene ese rival a perturbar su vida, de