You do not currently have permission to view the full text for this document. Please sign in to an account with an active subscription or contact support.
Propósito de esta nota es sugerir y demostrar una tesis, cuya dilucidación ha sido, para mí, un válido punto de partida para la comprensión del problema central de la hipocondría.
Como es sabido, ésta es una neurosis ——y, en ciertos casos, una psicosis—— caracterizada desde el punto de vista de su sintomatología por la presencia aparentemente indeseada de ideas delirantes. Su temática superficial y consciente expresa la angustia del enfermo ante la amenaza de presuntas enfermedades somáticas que lo aquejarían y que comprometerían su salud y, en último término, su vida. Se trata por lo tanto de un verdadero delirio persecutorio en el cual el objeto perseguidor estaría ubicado en uno o más órganos del cuerpo.
Antes de ejemplificar esta tesis, a través de fragmentos de sesiones de un caso clínico que presentaré en un próximo trabajo, quiero exponer en una serie de proposiciones articuladas en el contexto de una misma estructura, la temática inconsciente de la hipocondría. Vale decir la fantasía inconsciente básica que le corresponde y le subyace. También quiero aclarar que otros investigadores han sostenido puntos de vista parecidos acerca de esta cuestión. De tal manera que está fuera de discusión la originalidad o no de las ideas que aquí señalo. Simplemente me importa, independientemente de la prioridad que a otros1 corresponde con respecto a la enunciación de estas hipótesis, decir lo que yo me he visto llevado a pensar sobre la hipocondría en función de dos caminos convergentes: por una parte la experiencia de mi práctica psicoanalítica con enfermos hipocondríacos y por la otra parte las inevitables deducciones a que me llevó la aplicación de la fantasía-clave que es desde hace algún tiempo mi esquema teórico de trabajo y de investigación: aludo a la hipótesis que centra en el reconocimiento de tres roles básicos del ser humano, de tres angustias arquetípicas y de la compulsión a reproducir (y elaborar) en los más diversos planos, las múltiples y contrastantes viven