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ABREACCIÓN. Vocablo acuñado por Freud (1895). Su etimología: reacción, vale decir movimiento que responde a un movimiento cronológica y causal-mente previo, y ab, prefijo que alude al trasfondo de situaciones desde el cual emerge la respuesta. Su significado remite concretamente, en el pensamiento de Freud y de Breuer, padrinos del vocablo en cuestión, a la idea de “descarga por reacción”. Su estrecha vinculación semántica con el término afín catarsis, sugiere una aparente sinonimia: en realidad la catarsis (etimológicamente purificación) es la resultante de una liberación de los elementos patógenos y que puede operarse, en determinadas circunstancias, por el proceso de la abreacción. Esta última se define como un proceso psíquico, a cuya delimitación conceptual contribuyen las connotaciones psicopatológica, económica y terapéutica siguientes:
Condición psicopatológica. Alude al hecho de que es suprimido el “enquistamiento” de una situación traumática, caracterizado: a) por su aislamiento de la zona conciente de la personalidad con la consiguiente amnesia, y b) por una especie de “corto circuito” que carga a ese trauma con una energía que traduce su existencia en modalidad repetitiva e incontrolada del comportamiento, en vez que en recuerdo. (“Those who do not remember the past, are condemned to relive it” George Santayana). Los factores que condicionan el “enquistamiento” son aquellos mecanismos de defensa del Yo, centrados en la represión y que se expresan como disociación del campo consciente, como resistencia a la reintegración. El origen de la cápsula enquistante surge como defensa frente a la carga energética propia de la situación traumática retenida por la limitación en la descarga. La supresión (abreactiva) de ese encapsulamiento se opera a favor de un estímulo, por lo general intencionalmente inducido, que determina la irrupción del material disociado y su dramática integración con el resto de la personalidad. Dice Freud: “Hemos hallado, en efecto, y para s