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A través de una edición mexicana, patrocinada por la Asociación Psicoanalítica de aquel país, nos llega la traducción del importante libro de Hartmann.
Dicha traducción y edición, relativamente esmerada, adolece sin embargo de ciertos giros y expresiones, que por momentos hace el texto un tanto oscuro y difícil de seguir.
En este libro se destacan las dotes de Hartmann como pensador y científico. Su capacidad de abstracción y generalización para formular conceptos teóricos es particularmente notable.
Para mejor comprender esta obra, debemos ubicarnos en el momento científico en que la misma fuera leída y publicada (1937) de no ser así podría parecer un tanto excesiva la necesidad del autor de justificar y documentar la importancia del estudio del Yo. Pero el actual interés por la dinámica del Yo, que ya ocupa un lugar tan preponderante dentro del psicoanálisis, en particular para la escuela norteamericana, comienza precisamente en esas épocas. (Ana Freud en Europa, Hartmann, Rapaport, etc., en los EE. UU.)
En ese sentido puede considerarse un libro “clásico”. Uno de sus méritos consiste en haber conseguido incluir dentro de la esfera de la psicología psicoanalítica, temas que, como el del Yo, hasta aquel momento pertenecían al terreno de la Psicología Académica.
Hartmann intenta realizar un estudio serio de la psicología normal del Yo, introduciéndonos en la sistemática de la estructura yoica. Su interés se orienta fundamentalmente hacia aquellas funciones del Yo que no se derivan de los impulsos instintivos, sino que constituyen los elementos autónomos del Yo. Su trabajo consiste precisamente en haber llamado la atención acerca de esta base estructural, propia, autónoma y congénita del Yo, configurando así, lo que podríamos llamar la “matriz yoica”, los recursos estructurales de los que el Yo se vale para poder intervenir adecuadamente en la actividad de todo el aparato mental, ocupando su destacado papel integrador de los requerimientos internos y externos. En otras pa