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En la relación con el “otro” caben tres roles fundamentales: el de padre, el de madre y el de hijo. El rol materno está centrado en el retener; el filial, en el conflicto suscitado entre seguridad y libertad; y el paterno, en el anhelo de extraer y emancipar a la criatura encerrada en el claustro materno, en un intento, cual otro Prometeo, de robar el fuego de la vida a la mujer-madre. Detrás de estos tres roles, complementarios y en continuo movimiento dialéctico, late la alternativa dramática de tener o ser tenido.
Por otra parte, su distribución y funcionamiento en la pareja psicoanalítica se nos aparece de acuerdo con las siguientes combinaciones: El psicoanalista, madre, encierra en su vientre al psicoanalizado, criatura; y otra persona, aparentemente extraña a la relación bipersonal psicoterapéutica, puede asumir en un momento dado el papel liberador del padre, dando lugar a fenómenos de “acting out”. O bien el enfermo se siente apresado en su neurosis (personificada ahora por el tercero), y entonces el psicoanalista oficia de padre. También es posible que el psicoanalista-feto esté contenido en su paciente (en su propia neurosis de contratransferencia), en cuyo caso el analista didáctico puede asumir el papel paterno. Otras veces, cada uno de los interlocutores del diálogo psicoanalítico se hace cargo de los dos roles, ya con ritmo alternado, ya simultáneamente pero actuando en distintos planos.
Guillermo Vidal.