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Las diferentes formas de angustia pueden reducirse fundamentalmente a tres: La angustia frente al encierro, la angustia frente al cambio y la angustia frente a la libertad o ilimitación. Sin duda que las tres reconocen un denominador común, el temor a la muerte. Pero no menos cierto es que corresponden a tres fantasías distintas del ciclo vida-muerte. Por eso, por ser irreductibles una en otra, cabe denominarlas angustias arquetípicas.
Centradas genéticamente alrededor del nacimiento, estas angustias básicas derivan en última instancia de las vivencias intrauterinas, de las propias del trance del nacimiento y de las que siguen luego a éste. “La vida del ser humano transcurre, en efecto, por tres etapas, desde el adentro intrauterino hacia y hasta el espacio abierto del afuera … como si todo el vivir fuera un nacer intercalado entre el más acá intrauterino y el más allá posterior a la vida”.
Tanto el encierro como el cambio y la ilimitación son a un mismo tiempo temidos y deseados, pues cada una de estas vivencias representa un peligro de muerte y una solución o salida frente a las otras dos situaciones. Es de advertir,