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Critica la autora la excesiva importancia dada a la contratransferencia en estos últimos años, en detrimento de otros factores tanto o más importantes en la relación analítica. Señala como un error el considerar contratransferencia a la respuesta global del analista hacia su paciente, incluyendo en este concepto toda reacción consciente, respuesta afectiva y conducta, ya que el analista es para el paciente y el paciente es para el analista también un objeto real. No tener en cuenta este factor, el de la “realidad” del paciente, lleva a criterios tan erróneos como el de postular que, siendo la neutralidad analítica imposible, porque no dejarla de lado totalmente, y permitir al analista responder al paciente “de cualquier manera”.
Otra consecuencia nociva del gran énfasis puesto en la contratransferencia en los últimos tiempos se refiere a la enseñanza del psicoanálisis. Se ha llegado al absurdo de postular que cualquier error de un candidato se debe a su contratransferencia, y que el rol del analista de control es señalarle esto; “es como si se partiera del postulado básico que el joven analista ha nacido con un conocimiento innato de la psicopatología y de la interpretación correcta, y que sus errores están regularmente basados en la contratransferencia, sin tener nada que ver con su falta de experiencia y de conocimientos”.
La autora pasa luego revista a la bibliografía sobre el tema, señalando finalmente que el énfasis sobre la contratransferencia en detrimento del efecto de la interpretación representa un retorno al concepto de abreacción como método terapéutico tal como era comprendido por Ferenczi. Considera que la contratransferencia representa, en general, un fracaso en el proceso de identificación y des-identificación