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El fracaso de la madre de cumplir con la función de “barrera instintiva” para su bebé recién nacido resulta en perturbaciones en el desarrollo de la personalidad posterior del niño. Este hecho, ya señalado por varios autores, es observado directamente en un caso por el autor de este interesante trabajo. Se trata de la observación de un bebé desde su nacimiento, bebé que por circunstancias especiales no pudo ser atendido adecuadamente por su madre y por lo tanto padeció de hambre crónica durante los primeros tres meses de vida. Presentaba características especiales: así, era de una sensibilidad poco común en niños tan pequeños, por ejemplo, el menor ruido lo despertaba, seguía los objetos con la mirada, era muy despierto, alerta y llamativamente “precoz”. Todas estas características nos hablan de un desarrollo yoico prematuro, es decir, en un período en el que la madre debe hacer de “yo auxiliar” del niño, cumpliendo con su función de barrera instintiva. La observación del desarrollo posterior de este niño —el autor lo ha continuado hasta los siete años de edad—— muestra trastornos que bien pueden estar relacionados con lo acontecido en esos tres primeros meses de vida.