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En la primera parte del trabajo la autora expone algunos aspectos de la personalidad psicopática, a través de un paciente que tuvo tres años en análisis.
X, de 16 años, judío, llegó al análisis por su vida inquieta, desdichada y desacomodada. Tenía una hermana dos años menor. Su padre era un hombre débil y complaciente; la madre, una mujer ansiosa y excitable. X no tenía verdadero interés por nada ni nadie. Destetado a los dos meses, lloraba mucho entre comidas. A partir de la pubertad tuvo dificultades con la madre, y entró pupilo a los 13 años, pero sólo parecía tener interés en ganar mucho dinero lo más rápidamente posible. A los 16 se le envió a una escuela diferencial y comenzó su tratamiento. En esa época se reunía con adolescentes casi delincuentes con los cuales perdía su tiempo; se burlaba de sus maestros y no estudiaba, a pesar de sus fantasías de ser abogado o abastecedor ——como el padre—— o psicoanalista. “Explotaba” a sus padres sin culpa aparente y mantenía una imagen idealizada de sí mismo: excepcional y único. Delgado, de andar casi femenino, hablaba en tono sentimental. La perturbación de su carácter era clara: no tenía ni síntomas neuróticos evidentes, ni psicóticos. Su yo, era débil; sus relaciones de objeto, primitivas, vacías de afecto y narcisistas. Llegaba puntualmente al análisis, pero retorcía las interpretaciones o argumentaba como un abogado o las aceptaba con un “sí” vago e inexpresivo.
La autora señala tres características en su personalidad. 1) Su incapacidad para tolerar tensiones, reaccionando ante cualquier ansiedad con defensas masivas, o actuando inmediatamente sus impulsos sin inhibición. 2) Una actitud particular hacia sus objetos. Pedigüeño, explotador, los vaciaba vorazmente; lo cual se