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En el analizado coexisten dos fuerzas aparentemente opuestas: una que lo impulsa a comunicar material sobre su enfermedad y otra que lo lleva a resistirse contra tal comunicación. Ambas son operativas y, aún cuando la resistencia asume formas máximas, los motivos de la misma revelan la naturaleza del conflicto neurótico y por lo tanto, tales silencios deben ser considerados como la comunicación ——por repetición—— del conflicto reprimido. Cita el ejemplo de un paciente masculino que entra en resistencia, mediante el silencio, frente a su analista mujer. Está reviviendo y repitiendo su conflicto edípico que en su época resolviera deponiendo la competencia con el padre y eligiendo la pasividad y la enfermedad.
El silencio por parte del paciente configura una forma de hablar. Toma los conceptos de Buehler, según los cuales el acto de hablar comprende: 1) La función de representación o función cognitiva, o sea la descripción ele cosas u objetos y de las relaciones entre ellos. 2) La función de expresión, por la cual se comunica algo acerca de uno mismo. 3) La función de llamado, en la que se solicita al interlocutor que haga algo o responda de alguna manera.
En la situación analítica, cabe esperar en un principio que el paciente se limite a la primera, pero bien pronto sus pensamientos, al centrarse en el analista, se orientan hacia la tercera función.
El analista tiene dos tareas: abstenerse de responder a la función de llamado y transformar la primera y la segunda en la función expresiva, mostrando al paciente cómo sus comunicaciones se refieren a él mismo. En cambio, en la interpretación, se limitará a la función cognitiva.
Pero, al mismo tiempo, el conocimiento que el paciente adquiere sobre sí mismo lo llevará a un aspecto especial de la función cognitiva: su aplicación no solamente al no self sino también al self. En este último caso, se entrelaza con la función expresiva.
Existen dos aspectos del hablar que no pueden encuadrarse satisfactoriamente dentro de la clasific