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Diferencia dos tipos de silencios, como resistencia y como comunicación, de los cuales el primero es el más común, siendo en tal caso la labor del analista hallar los motivos.
Pero el silencio puede ser de por sí el contenido que el paciente desea transmitir,
tal como la repetición inconsciente de un suceso histórico en el cual constituyó un elemento importante. En tal sentido, la escena primaria, vista y oída, puede aparecer por primera vez en la hora analítica como un silencio inquieto en el que el paciente repite su excitación y su ansiedad silenciosa. También puede indicar una identificación con un objeto silencioso, hecho común en los candidatos identificados con el analista silencioso. En este caso el paciente se encuentra cómodo y tranquilo.
Entre el silencio y el habla se encuentra el importante campo de los sonidos. Un grito, un sonido entrecortado, una queja o una risa, pueden ser la expresión de sentimientos de pánico, rabia, dolor o éxtasis. En el desarrollo de la palabra, los primeros sonidos emitidos por el niño, como expresión de dolor, son vocales; recién posteriormente articula consonantes, ahora como señal de placer.
Otra actitud importante es la de los ojos: abiertos o cerrados. Los ojos abiertos durante el silencio indican sensaciones de odio y rechazo, en tanto que en el segundo caso existe amor y aceptación. Cuando se hallan fuertemente cerrados, expresan la preparación para recibir un golpe, y sentimientos de impotencia frente al mismo. También pueden significar el intento de bloquear un sentimiento terrible, con la finalidad de proteger al analista.
El silencio es también una reacción frecuente a la interpretación, pudiendo indicar su corrección o incorrección. Un silencio prolongado indica siempre que es incorrecta, desde el punto de vista del timing y de la dosificación.
Raquel Soifer.