You do not currently have permission to view the full text for this document. Please sign in to an account with an active subscription or contact support.
Estudia el concepto de empatía, introducido por primera vez por Theodor Lipps, como la capacidad individual de percibir y captar, en forma espontánea y global, los sentimientos y estados de ánimo de otra persona. Lo presenta como un proceso del yo, para lo cual se apoya en los conceptos de Hartmann. Señala que no todas las funciones del yo son adquiridas, habiendo algunas que constituyen
remanentes de funciones arcaicas primitivas. Considera que tal es el caso de la empatía, que sería una expresión del proceso primario, conectada con la “identidad de percepción”. Se encuentra ya en el feto y luego en el niño, alimentada por las sensaciones somáticas y olfativas y va disminuyendo con el transcurso de los años, desplazada por el proceso secundario. Es una forma de contacto con el ambiente, un puente emocional que desempeña un papel similar al del cordón umbilical. Ejemplifica esto con las siguientes expresiones: el feto “se siente dentro de la madre”, el niño “siente con la madre” y el adulto “siente a la madre”.
En su forma de contacto activa con el mundo exterior, el yo procura unir el self con el no self, siendo la empatía una manifestación de esta función de enlace.
Pero al parecer, solamente un yo adulto “normal” tiene la capacidad de utilizarla y, por lo tanto, de haberla conservado. En cambio, falta en los estados de debilidad del yo, ya sea transitorios (el sueño, la fatiga, accesos de ansiedad, etc.) o más o menos permanentes (neurosis, psicosis). Rechaza el concepto de sensibilidad en los esquizofrénicos como sinónimo de empatía y señala que dicha sensibilidad está centrada principalmente en la detención del rechazo del analista y del mundo. Finalmente se refiere a los tests sobre empatía y señala que ésta es un proceso espontáneo que no puede ser exhibido bajo mandato.
Raquel Soifer.