You do not currently have permission to view the full text for this document. Please sign in to an account with an active subscription or contact support.
Del 19 al 23 de enero de 1960 se desarrollaron en Santiago de Chile las jornadas del III Congreso Psicoanalítico Latinoamericano.
Por tercera vez en el ámbito de este continente y, en esta ocasión, por obra de la acertada y eficiente organización del grupo chileno, se congregó, en uno de sus periódicos coloquios, gran número de los psicoanalistas de Latinoamérica. Integran éstos desde hace años un grupo de trabajo homogéneo y creciente, caracterizado por una condición común que le confiere —más allá de los aspectos puramente formales o contingentes (contexto social e histórico similar, un mismo marco geográfico, relativa unidad idiomática)—una vigencia que alcanza resonancias extracontinentales: esa condición es la tendencia a conjugar en una síntesis equilibrada y feliz una formación profunda de raigambre genuinamente ortodoxa con un interés desprejuiciado y abierto hacia lo nuevo. Las diferencias que singularizan a los diferentes subgrupos no alcanzan a borrar ese carácter que da al movimiento psicoanalítico latinoamericano su sello específico y una indudable proyección mundial.
Según es sabido, un congreso supone no simplemente una interlectura de trabajos programados de antemano, sino un diálogo viviente surgido de los puntos de urgencia latentes, vale decir dinámicamente orientado por las líneas de fuerza de la temática que inconscientemente está nucleando, en un interés compartido, los diferentes grupos de estudio y de trabajo. Esto condena en cierto modo a los relatos, al relegarlos a un segundo plano, a quedar sumergidos u olvidados. Su finalidad —la de expresar sintéticamente una tesis origina, un planteo sugerente, unas conclusiones avaladas por una larga experiencia c1ínica— se diluye y aparentemente se pierde en los incontrolados vaivenes del Congreso. La frustración es entonces inevitable y si bien compensada por el fructífero diálogo que sigue a la lectura, deja como legítima aspiración, en los relatores y en los oyentes, un deseo de volver a ver —más ad