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”Yo creo aún, a pesar de todo, que las personas son buenas en lo más íntimo de su corazón.”
Abordaremos el estudio del tema sucesivamente desde el punto de vista I de la psicología social, II de los dinamismos inconscientes propios del grupo y, III del enfoque psicoanalítico de algunas reacciones individuales, según la posición en la escala de status.
Trataremos de aplicar al estudio de las sociedades psicoanalíticas algunos conceptos psicológicos-sociales derivados de las investigaciones sobre los grupos.
En primer término, nos referiremos a las características evolutivas más evidentes de las sociedades psicoanalíticas y a algunas de sus consecuencias. En sus comienzos, las personas que se unieron alrededor de Freud contituyeron un típico grupo informal; básicamente, una unidad social constituida por individuos que compartían una motivación común, que era la de ampliar los conocimientos psicoanalíticos, aprenderlos, difundirlos, y regular entre ellos, hasta cierto punto, el naciente ejercicio profesional del psicoanálisis. Su interacción era “cara a cara”, la dispersión de status en el grupo era discreta, con todos los miembros a un nivel más o menos semejante, exceptuando a Freud. Él ejercía el tipo de liderazgo que Redl (22) ha llamado de “patriarca soberano”, a través del cual se produce una ligazón entre los miembros, en función de la vinculación de cada uno de ellos con el líder.
En cambio, en la actualidad el grupo psicoanalítico reúne las características de una organización formal, con una alta proporción de relaciones impersonales, clara diferenciación de roles, a los cuales se asocia una amplia gama de status, normas formales, emergencia de subgrupos y sustitución parcial del liderazgo por la jefatura.
Cuando hay una interacción y colaboración prolongadas, alrededor de