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Se trata de una mujer de 34 años, casada desde hace cuatro, que no ha sido desflorada y cuyas relaciones se mantienen en el plano del coito interfemoral.
Entre sus antecedentes encontramos rasgos neuróticos evidentes: miedos, vivencia de la menarca como trauma, fracaso escolar, episodios depresivos tratados con electroshock, y cuadros psicosomáticos (colitis, etc.).
Como datos familiares más importantes, el hecho de que sus dos hermanos, un varón 5 años mayor que la paciente, y una mujer 3-4 años menor (ignora la edad exacta de la hermana) fueron enuréticos hasta los 7 y 13 años respectivamente. Y que un hijo de la hermana, como consecuencia de trastornos vasculares, sufrió la gangrena y amputación del brazo en seguida de nacer.
Informada por el actual marido de que éste padecía de cierto grado de impotencia sexual que creía curable con su cooperación, se decide a casarse. Viven con la madre de él.
A los dos años de matrimonio hace un nuevo episodio depresivo y acude en busca del análisis. Padecía entonces de insomnio, anorexia, trastornos gastrointestinales, marcado acné en cara, cuello y espalda, astenia, apatía, crisis de llanto, dismenorrea. Al iniciar el tratamiento se refirió a la esterilidad del marido, pero sólo meses más tarde habló de la impotencia.
A lo largo del mismo y durante año y medio siempre negó totalmente el deseo de coito normal, embarazo o hijos, pese a que con frecuencia casi constante aparecía en el material latente.
A través del material anterior de esta paciente se vió cómo la pérdida de amor objetal fué vivida como peligro de destrucción interna y externa. La precoz aparición del control esfinteriano fué probablemente