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A los 4 años de edad Raúl fué traído al análisis debido a su actitud de bebé llorón, dulce y suave, y su lenguaje infantil a veces ininteligible.
Fué un niño no deseado, nació con una ligera deformación de los pies corregida por un yeso durante el primer mes de vida y su lactancia materna se redujo a pocas semanas, quedando pronto al cuidado de sirvientas. En general se lo considera un bebé y se tiende a desvalorizarlo.
A primera vista Raúl impresiona como un pequeño angelito, impresión que pronto cambió ya que su actitud en el análisis es extremadamente agresiva y destructiva.
La fantasía a la que deseo referirme en este trabajo surgió en la tercera sesión, luego de una serie de juegos, desorganizados e interrumpidos, alrededor del tema de un tesoro o dinero que es cuidado por “los buenos” y que “los malos” tratan de robar. (Es de notar que estos personajes eran intercambiables y confusa su ubicación temporal y espacial. Volveré sobre este punto más adelante.)
En esta tercera sesión Raúl comienza por armar una “escalera-trampa” —con bloquecitos de distintos tamaños y en forma muy precaria— que según él “los malos” hicieron para que “los buenos” la pisen y se caigan. Esta escalera se convierte en seguida en una pileta que es el escondite del tesoro (que otras veces llama dinero). Toma un corderito y le hace disparar tiros con una pistola grande. Luego junta cuatro animales: la gallina renga —en realidad es un gallo—, el conejito rengo —que lo representaba a él en una sesión anterior—, el mono rengo y otra gallina también renga. Son los malos que atacan a los buenos para conseguir el tesoro-dinero en la pileta. Pero entonces caen en una nueva trampa —una pequeña mamadera de goma— quedando atrapados adentro. Sin embargo, explica Raúl, igual pueden caminar, volar, ser invisibles, pelear y matar (ilustra esto moviendo la mamadera, embistiendo a otros personajes y objetos, etc.). Aquí hace aparecer un “avión de muertos” que transporta a los caídos en la pelea. Luego “los otr