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I. Amor y duelo. Un homenaje a Melanie Klein es un homenaje a un pensamiento genial. Lo genial de un pensamiento se caracteriza por las nuevas perspectivas que éste descubre, y su autenticidad, por la vida que este pensamiento adquiere en su exploración de lo nuevo. No se queda fascinado frente a un hallazgo espectacular, sino que en el descubrir mismo de lo desconocido cobra vida este pensamiento al encontrarse con paradojas que lo obligan a reformular conclusiones, al ver límites que exigen conceptos para trascenderlos. Tales reformulaciones se observan en la obra de Freud donde Más allá del principio del placer e Inhibición, Síntoma y Angustia marcan estaciones en el camino de su pensamiento.
A mi modo de ver, Melanie Klein trasciende en su obra Envidia y Gratitud su descubrimiento fundamental: la relación entre la posición esquizo-paranoide y la posición depresiva. Con la formulación de dos posiciones, Melanie Klein había descubierto que la evolución infantil no es meramente la evolución de dos instintos, sino que es la historia del conflicto entre esos dos instintos, historia que transcurre de la disociación hacia la integración. Al considerar ahora en Envidia y Gratitud el establecimiento del objeto bueno como condición previa indispensable a la integración depresiva, reformula Melanie Klein el concepto de la integración. Ya no se puede considerar esta integración como una fusión de dos instintos sino como una reparación de la relación objetal, una re-creación de la relación con el Otro.
No es que la evolución sea la historia de un conflicto instintivo, sino que es el conflicto con el Otro lo que transforma a la evolución en historia humana [11].
Al formular Envidia y Gratitud como las dos actitudes básicas en el ser humano, se opera un viraje esencial de enfoque. Aparece, usando una expresión de Madelaine Baranger “la primacía de la situación con relación al impulso”. Anteriormente, M. Klein había dicho que la experiencia de la gratificación y de la frustración