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Trataremos de formular en esta breve aportación alguno de los contenidos latentes que hemos inferido de la lectura de este artículo de Klein. Su tema principal parecería ser el manejo del concepto de ansiedad, aparentemente sólo mencionando la proyección y la identificación proyectiva como un instante técnico del sujeto; sin embargo nos ha parecido que toda la exposición está dedicada a hacernos sentir la importancia capital que la autora asigna a esa técnica de vida que es la identificación proyectiva; inferimos que esta importancia es tal, como que es sine qua non para la vida, y de que si no es posible dicha técnica de comunicación con un objeto externo, el sujeto la establece con sus objetos internos, autísticamente, lo que por un tiempo le evita la sensación de aislamiento y soledad, comparable a la inminencia de muerte; pero una buena identificación proyectiva no puede ser por mucho tiempo intrapsíquica y necesita del objeto externo, de lo contrario el próximo paso será la alucinación.
Ese sentimiento de soledad que es subsecuente a la separación, al aislamiento, nos hizo pensar que todo individuo tiene primigeniamente su vivencia, sentimiento o sensación de muerte o aniquilación, llamado instinto de muerte, perceptible por primera vez de inmediato a su separación del estado simbiótico con la madre. También le es inherente el instrumento de acción con el que tratará de liberarse de aquel sentimiento de aniquilación, llevándole lejos de sí, hasta encontrar resonancia en algo. Este algo es el objeto, que significaría así para el individuo simultáneamente la liberación de su sentimiento de muerte, así como también la terminación de su sentimiento de soledad, la sensación de desembarazarse de un peligro, la posibilidad de continuar la vida.
Aunque inherente, el yo no maneja la implementación y tiene que realizar un aprendizaje del uso de la identificación proyectiva; en ese compás de espera hasta que es forzosa la iniciación de la técnica, sobreviene la angustia que