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Las observaciones de Melanie Klein sobre la Envidia constituyen el primer estudio amplio y profundo de que tenemos conocimiento sobre el tema, precedido apenas por las formulaciones de Freud sobre la envidia del pene en la mujer y una comunicación de Richard Sterba (1929) en que relaciona la envidia y los celos con el erotismo oral. Es natural, por lo tanto, que las conclusiones postuladas por ella tengan que sufrir algunas modificaciones, como consecuencia natural y deseable de la ampliación y mayor profundización de los conocimientos psicoanalíticos.
Nuestro propósito en esta comunicación es agregar a lo observado por Melanie Klein algunos elementos que son el resultado de los estudios sobre el psiquismo fetal, iniciados por Arnaldo Raseovsky y a los cuales estamos especialmente dedicados. El poco tiempo de que disponemos en este symposium nos permitirá apenas referirnos a algunos aspectos que consideramos de especial importancia en el estudio del tema. Uno se refiere a la envidia del objeto “bueno”, en que discrepamos de Melanie Klein y el otro dice respecto a la importancia de los componentes visuales de la envidia, que no fueron considerados por ella.
Como ustedes saben, Melanie Klein considera que la envidia está dirigida contra el pecho frustrador que retiene la gratificación para sí, privando al Yo de poseerla. La define como “el sentimiento enojoso contra otra persona que posee o goza de algo deseable, siendo el impulso envidioso el de quitárselo o dañarlo” (Las emociones básicas del hombre, “Envidia y Gratitud”, Ed. Nova, Bs. Aires, 1960, pág. 114). Pero la envidia no estaría dirigida apenas contra el pecho frustrador, sino que, como lo expresa claramente: “tal vez es más comprensible que también el pecho satisfactorio sea envidiado” (Las emociones básicas del hombre, “Envidia y Gratitud”, Ed. Nova, Bs. Aires, 1960, pág. 118). Así los dos objetos de la posición esquizoparanoide, tanto el malo frustrador como el bueno gratificador, serían objetos de la envidi