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Quiero hacer en primer lugar, una rápida revisión del desarrollo del concepto de disociación desde Freud hasta la escuela kleiniana sin pretender de ninguna manera presentar un estudio exhaustivo en tan poco espacio, para luego analizar deficientes formas de disociación a través del sueño de una paciente.
Ya en 1893 Freud había utilizado el concepto de disociación en relación a las manifestaciones somáticas de la histeria [1]. En el breve aporte sobre fetichismo [2] de 1927 afirma que el proceso por el cual el paciente niega una parte de la realidad es normal en los niños mientras que es signo de perturbación grave en el adulto. En su carta abierta a R. Rolland [3] de 1936 describe el fenómeno de disociación que ocurre cuando una situación largamente soñada se realiza inesperadamente y vuelve a ampliar el tema dos años más tarde [4] al describir la escisión del yo como mecanismo defensivo frente a la angustia, facultad, ésta, totalmente opuesta a su función de síntesis.
M. Klein [5] fué quien profundizó y dió real importancia a este tema al describir la etapa paranoide-esquizoide en la evolución normal del lactante. Define la disociación como una necesidad del yo en su lucha entre los instintos de vida y de muerte para lograr la integración.
La primera disociación según M. Klein, es provocada por la amenaza de aniquilación del yo por el instinto de muerte y facilitada por su poca cohesión al momento de nacer. A su vez el primer objeto, el pecho, también es disociado en un aspecto bueno y otro malo como resultado del conflicto innato entre amor y odio. Esta separación es necesaria para que el niño pequeño pueda alcanzar la integración ya que ésta necesita de un buen objeto fuertemente arraigado en el yo. Del mayor o menor éxito de este proceso dependerá el grado de salud del individuo.
Sin embargo, lo que en el recién nacido forma parte del desarrollo normal puede convertirse a causa de los impulsos destructivos y de las ansiedades paranoides en un mecanismo de defensa a