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Para el estudio de la Idealización, conviene tener particularmente en cuenta la formación del superyo, tanto desde el punto de vista freudiano como del kleiniano.
La instalación del superyo según Freud, es una consecuencia del complejo de castración, que se lleva a cabo a partir de los 3 años de edad en relación con el complejo de Edipo. Anteriormente a dicha edad habla Freud de “ideal del yo”, corespondiente al futuro superyo, que se integra con la parte “buena” de los objetos, especialmente la figura de los padres. Es una instancia que viene a modificar la situación primitiva del “yo ideal”, perturbando la concordancia entre el yo y el ello; es decir, que en el “ideal del yo”, el sujeto obedecería las imposiciones del objeto en mérito al amor que le profesa. El superyo se instalaría gradualmente en el yo en función del sadismo del sujeto dirigido hacia el padre, proceso que culminaría, repito, al término del complejo de Edipo.
Aquí vemos como hay una cantidad de conceptos de idealización enfocados por Freud, tanto en relación con el objeto bueno, como con el malo y los recursos y sumisiones del yo en su obsequio.
En opinión de Melanie Klein, el superyo se formaría más prematuramente en función del mecanismo de disociación del yo, que separaría las representaciones objetales buenas, de las malas. La parte mala del objeto con la cual se identifica una parte del yo, sería la base del superyo. En este proceso es esencial el sadismo del propio sujeto. La mayor parte del yo se identifica con el objeto bueno. Para su preservación, proyectaría dentro de la otra parte, los aspectos malos del objeto.
Si las oportunidades brindadas por la realidad externa y la capacidad del yo son suficientemente propicias, podrá superar progresivamente el niño todas estas situaciones. Aludimos aquí a la capacidad de elaboración y a la función sintética del yo.
Tomando en detalle esta “función sintética”, cabe destacar la necesidad del yo de enfrentarse con la realidad externa y poner de acuerdo