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El objeto de este trabajo es seguir la evolución de un paciente con una personalidad esquizoide, cuyos principales mecanismos de defensa son la manía y la actuación psicopática. Trataré primero de dar una idea global del paciente, para enfocar después, sobre todo en el material clínico, un aspecto parcial de su tratamiento, relacionado con una gestalt psicológica integrada por las fantasías subyacentes a las nociones de tiempo y espado, y mostrar cómo el manejo de estas fantasías impedían su normal progreso psicológico.
Un día, hace ya tres años y medio, respondo a un llamado telefónico. Pregunto quién me habla. “El doctor X …” contestan. Dudo un momento, el nombre me era desconocido. “¿Cómo es que no me conoce si yo me voy a analizar con usted?”. Enterada en ese momento del motivo de la llamada, fijamos hora para la primera entrevista.
Cuando acudió a ésta, su forma de entrar en el consultorio, de hablar, de fijar inmediatamente horarios y honorarios me hicieron sentir totalmente invadida. En pocos minutos todo parecía solucionado, y manifestó su deseo de comenzar en ese mismo momento, aunque yo no sabía el motivo, por lo menos consciente, que lo traía al análisis. Es claro que el enorme monto de ansiedad era palpable.
Un año más tarde, pudimos ver que su relación conmigo no había empezado en esa primera entrevista, sino mucho antes, cuando alguien le habló de mí y pudo concretar entonces en una figura que era sólo un nombre en ese momento, un viejo anhelo: “Tengo que decirle algo, a alguien, en alguna parte”. Ya tenía ese “alguien” y el “alguna parte”; seguimos buscando el “algo” que tiene que comunicar.
Pudimos ver también que ese había sido el único modo posible de tomar contacto: no podía elegirme como analista, porque esto hubiera significado para él que yo era un objeto externo, libre, con posibilidad de movimiento y que a mi vez podía elegirlo o no. Su angustia frente a la