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En sus estudios sobre la personalidad, Fairbairn 1 expresa que las condiciones esquizoides constituyen el estado psicopatológico más profundamente arraigado y que por lo tanto el análisis terapéutico de pacientes esquizoides nos ofrece la oportunidad de estudiar los fundamentos de la personalidad, los procesos mentales más básicos y observar la escala más amplia de procesos psicopatológicos en un solo individuo. Agrega que si las regresiones no han sido demasiado graves, los individuos esquizoides son capaces de mayor insight psicológico que cualquier otro tipo de personalidad y presentan marcadas posibilidades terapéuticas favorables.
Me referiré ahora a la actitud frente al parto en una paciente de características esquizoides y a su intento de elaborar la pérdida a través de un sueño. En una aportación anterior 2, analicé este mismo sueño enfocando los diversos mecanismos de disociación que en él se utilizaban según los conceptos de Bion y Melanie Klein. Señalé el impacto emocional provocado por el embarazo en cuanto éste modifica el esquema corporal y amenaza la cohesión del yo. El embarazo requiere por lo tanto una buena capacidad de adaptación frente a situaciones dinámicas en cuanto significa primero un desdoblamiento en una pareja madre-hijo y luego nuevamente la integración de una identidad única con el hijo como objeto externo e independiente después del parto.
La paciente a quien llamaré A., había concurrido al tratamiento cuatro años antes en estado de gran ansiedad persecutoria desencadenada por la interrupción de un análisis anterior.
Junto a una personalidad disociada se manifestaban en ella, síntomas de tipo histérico que la llevaban a intentar repetidamente a realizar fantasías edípicas con la culpa consiguiente. Había manifestado mareadas tendencias autísticas durante la adolescencia, época en que había vivido aislada en su casa, dedicada casi por entero a tocar el piano. Había sido siempre buena estudiante y en los comienzos de su análisis conmigo aca