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La transferencia es una idea brillante e inspiradora que ha motivado debates aún inconclusos. Si tratamos de definir sus relaciones con la realidad, la maduración y el aprendizaje social, sus complejidades aumentan geométricamente.
El autor se propone reexaminar la transferencia y la contratransferencia desde el punto de vista de un modelo conceptual del psicoanálisis como fenómeno social bipersonal. Parte de los conceptos de Freud que, aunque no siempre se mantiene fiel a su propio esquema referencial, intenta valerosamente aprehender abstracciones tales como la transferencia, la resistencia, el cambio, la curación, etcétera. Las contradicciones de Freud inducen a veces a confusión, pero, a la larga, resultan favorables, ya que no sólo son la medida de su integridad sino que también sugieren otras vías de fecunda investigación. En opinión del autor, el modelo freudiano no provee la estructura necesaria para una verdadera experiencia social. Esto se pone más de manifiesto en la prueba de realidad en la que el analista se enfrenta con problemas insolubles.
El proceso analítico clásico favorece la revivencia del componente simbiótico del conflicto en la unidad original niño-padres, reactiva el anhelo por la omnipotencia mágica y hace resaltar el núcleo autístico que presta acceso al egocéntrrico que contiene las representaciones distorsionadas de la imagen unida de hijo-padres y del propio cuerpo. En este proceso las emociones del analista son concebidas como una contaminación en las expresiones del proceso primario del paciente. Por otra parte, las primitivas expresiones irracionales del inconsciente del paciente pueden contaminar peligrosamente la mente del analista.
El paciente proyecta sus emociones irracionales portadoras de conflicto, sus fantasías y expectaciones mágicas, es decir, el proceso primario; el analista aporta los efectos modificadores, organizadores y disciplinantes del proceso secundario. Cuando el paciente hace consciente su inconsciente, el analista