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De dos cartas, una enviada por S. Hall a S. Freud y la otra de S. Freud a S. Hall, como respuesta, el autor de este artículo nos quiere hacer sentir su sorpresa al ver a dos figuras preeminentes que se tratan con libertad y franqueza en un cambio de ideas a pesar de que científicamente hablaban dos idiomas distintos y los intereses y preocupaciones relativas a sus labores especificas son de otra índole. (Freud como creador de un nuevo enfoque psicológico, y Stanley como un divulgador de las más diversas orientaciones dentro de la psicología.)
S. Hall representa al grupo de todas las eclécticas que no llega a conocer a fondo a ninguna de las ideas fundamentales de Freud. Sólo utilizó del psicoanálisis lo más superficial, y común a otras orientaciones psicológicas que nada tienen que ver con el psicoanálisis, y hasta opuestas. Hall no entendía por qué Freud se mostraba tan intolerante con los que sólo aceptaban parcialmente el psicoanálisis (Freud creía que verdaderamente había influenciado a alguien cuando aceptaban el psicoanálisis en su forma pura y no buscaban otras interpretaciones cuando la aplicación del psicoanálisis se hacía difícil o perturbada.
Hall trató de que Freud trabara amistad e intercambiara ideas con E. J. Kampf, un psiquíatra americano con bases fisiológicas, cosa que llamó mucho la atención a Freud que no podía entender cómo Hall podía congeniar puntos de vista tan opuestos a los suyos, y en su carta le pide una tolerancia hacia los discípulos disidentes entonces, Joung y Addler, y al mismo tiempo suaviza su animosidad ponderándolo.
No es un artículo que explícitamente aclare la relación de estos dos hombres dejando librado al lector sus propias conclusiones.
León Sapochnik.