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Parten de la hipótesis que los niños en su desarrollo pasan por tres fases: “autística-normal”, “simbiótica” y “separación-individuación”.
El niño que es “autístico psicótico” no ha salido del estado “autístico normal” y el “simbiótico-psicótico” es aquel que regresa del estadio de separación y provoca formaciones defensivas.
Estos autores encuentran que muchos niños que se estancan en un período simbiótico, en realidad responden a un mecanismo autístico y sostienen que se puede corregir este estadio por una reexperiencia “correctiva” que les permite pasar al estado más evolutivo.
Pasa a referirse escuetamente a niños con dificultades caracterologicas, especialmente cuando tenían que participar con otros niños, o los mayores que se ocupaban no les prestaban una atención exclusiva.
Esto demuestra que los niños psicóticos no deben ser llevados a compartir un grupo de niños, hasta no estar preparados para esta relación y que necesitan protección dentro de la experiencia simbiótica; lo que incluye la presencia real de la madre en el entrenamiento terapéutico, que por otro lado está en mejores condiciones de comprender el lenguaje preverbal de su hijo.
La madre interviene dando explicaciones e informaciones.
Encuentran los autores múltiples ventajas en este procedimiento; gratifica a la madre por el interés que su hijo despierta; por el hecho de que alguien cree que su hijo puede ser ayudado.
Le da una afirmación de sí misma al ayudarle a controlarse. Este procedimiento facilita la relación simbiótica con el terapeuta y luego con el medio familiar.
Este tipo de terapéutica para la madre y para el niño psicótico, está basado en el hecho de que el niño, durante varios años de su desarrollo ha de ser reexperienciado no sólo con el terapeuta sino con el objeto de amor primario, lo cual significa entrenar a la madre de un modo adecuado.
León Sapochnik.