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En primer término, hay que cuidar que el obsesivo no encuentre en una aplicación rígida de las reglas técnicas una posibilidad de desplazamiento de su propio ritual.
Llevarlo a que infrinja las normas, puede acarrear reacciones fóbicas, que se deben considerar como un primer desmantelamiento del ritual obsesivo.
La conducta terapéutica debe tener muy en cuenta en el obsesivo la ambivalencia extrema que caracteriza a estos enfermos. El objeto es odiado y amado al mismo tiempo, las pulsiones agresivas y libidinales conviviendo en una confusión constante.
En consecuencia, la importancia de la relación analista-analiza do en la evolución de la cura, es aquí aun más importante que en otros casos. Aquí, la actitud de presencia es capital, aunque difícil su dosificación.
Res. del Autor.