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Berta, la paciente que utilizaré como ejemplo en este trabajo, en cada sesión se conduce de manera semejante. Entra al consultorio con aspecto ausente, me da una mano que está helada y se recuesta en el diván adoptando una postura fetal. Así queda, en una llamativa inmovilidad, a veces aletargada durante toda la sesión. Esta presentación trae ya una asociación directa con los casos de reacción terapéutica que presenté en otras oportunidades [1], [2], [3]. También en Berta aparece el letargo (muerte aparente) producto de la identificación con un ‘cadáver’. Veamos a qué me refiero cuando hablo del letargo como un producto de la identificación con un ‘cadáver’. Es un concepto que he desarrollado en trabajos precedentes sobre la reacción terapéutica negativa [1], [3], [4], que podemos sintetizar en los términos siguientes: Según Freud los contenidos más arcaicos del yo constituyen el núcleo del superyo. Por su importancia vamos a reproducir un pasaje de El yo y el ello [9] donde aparecen estas ideas, “…pero, cualquiera sea la capacidad que más tarde tendrá el carácter para resistir las influencias de las catexis de objeto abandonadas, los efectos de las primeras identificaciones hechas en la más temprana infancia serán generales y duraderos. Esto nos retrotrae al origen del yo ideal; porque detrás de éste está oculta la primera y más importante identificación del individuo, la identificación con el padre de su propia prehistoria