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Se ha presentado material clínico que describe claramente ciertas experiencias regresivas que no son accesibles, de ordinario, a personas normales y neuróticas. Están documentadas, transformaciones de la identidad y la función de “críticas internas”, durante la terapia, incluyendo una repentina negación de la reproyección de la voz materna y más tarde, la alucinación con la voz del terapeuta en un momento de necesidad crítico.
La paciente interpretó espontáneamente la clara alucinación de la voz de su madre como un paso hacia la diferenciación y la cura; y se asume que la alucinación de la voz del terapeuta tiene igual significado.
La subsecuente introyección del terapeuta es manifestada por el paciente con gran determinación. Este hecho es seguido por el debilitamiento de la voz de la madre y el paciente experimenta lo nuevo introyectado, como adquiriendo algunas de sus funciones.
Se asume que la nueva introyección fué asimilada gradualmente en la reorganización progresiva del superyo; que su presencia interna suplía la continuada interacción terapéutica formando nuevas identificaciones parciales y que estas nuevas y balanceadas identificaciones femeninas eran evidentes en el material clínico.
La breve emergencia de un nuevo crítico masculino durante un período de un año de aparente liberación de las voces externas e internas, parece justificar la presencia de que un lento proceso de asimilación ocurría bajo la superficie durante este período “silencioso”. El crítico masculino, al que la paciente reconocía e identificaba, aunque reluctantemente, como parte de sí misma, expresaba actitudes maduras de abierta agresión, atemperadas por la comparación.
Finalmente, un crítico interno femenino previo, reapareció y persistió, siguiendo una experiencia de severa reproyeeción materna en la realidad externa.
La vieja madre interna y persecutoria no reapareció; no se perdieron nuevas identificaciones parciales con la madre actual y el terapeuta; y justo antes de terminar la tera