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En el campo teórico, es razonable suponer que los impulsos primitivos, orales, destructivos, dependientes hacia una figura materna, fueron importantes en la dinámica de la psicosis de Schreber.
Un nuevo análisis de las Memorias muestra que las representaciones disfrazadas y simbólicas de la madre, y de tales impulsos hacia ella eran, en realidad, prominentes en el caso.
Los nuevos datos históricos de la ruina de Schreber y su familia, también apoyan esta suposición. La defensa básica que Schreber usaba contra tales impulsos fué la de la proyección —acusando a Dios de deseos orales, necesarios, ávidos, potencialmente destructivos hacia Schreber, cuando en realidad fué el celoso, infantil y posesivo deseo de Dios el que representó simbólicamente como “nervio de contacto” que motivó el “asesinato del alma” y que amenazó destruir el mundo entero y aún Dios Mismo. El delirio de Schreber de ser inhumano fué una expresión del deseo de volver a ganar esa más primitiva y menos diferenciada relación del niño con la madre de que disfruta el feto. Siendo inhumano en el peculiar modo de sus delirios, Schreber era simultáneamente el feto y la madre que lleva el feto.
Las imágenes del padre y la madre, hundidas en el Dios de los delirios de Schreber, el Dios compuesto de los reinos anteriores de la madre y los reinos posteriores del padre, reflejan bastante bien el modo de intrusión con el que el padre invade el rol de la madre en la temprana infancia de Schreber.
La división posterior de estos reinos posteriores paternos en un Dios superior de Bondad, Ormuzd, y un Dios inferior del Mal, Ahreman, se basó probablemente en la imagen infantil de Schreber del padre patológicamente ambivalente. Tales divisiones pudieron también resultar de una arcaica separación de las figuras paterna y materna en objetos buenos y malos. Aunque el padre fué una figura importante en la vida de Schreber, la madre fué la figura central en los más tempranos y por lo tanto más patogénicos de los conflictos de S