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Es un trabajo esencialmente clínico, y como destacan los autores a través de una revisión nosográfica de la histeria desde las obras clásicas de Charcot, Berheirm, Janet, Gilles de la Tourette, Chaslin, han sido los “delirios histéricos, locura histérica o estado de mal de delirio histérico” motivos de largos debates y discusiones del diagnóstico diferencial y articulación con los estados psicóticos (esquizofrenias) y una de las cuestiones más disputadas de la psicopatología.
La experiencia clínica, lejos de resolver el problema histeria o psicosis (esquizofrenia), desemboca en una tercer vía: estados psicóticos e histéricos, siendo el delirio histérico: sistemático, ordenado, reposando más sobre la distracción que sobre la discusión y sin cronicidad duradera.
Semiológicamente, con posterioridad a Freud, se fué modificando la estructura, aunque persiste la perplejidad ante el arcaísmo de la regresión (estructura psicótica) y una temática sexual genital (es decir, evolucionada).
La “gran histeria” de Charcot poco a poco quedó en el olvido; pasó a la “simulación” y el problema antiguo de los delirios histéricos sólo ha sido resuelto por su incorporación al cuadro de las esquizofrenias o a las buffees delirantes, agudas, subagudas o periódicas.
En numerosos casos clínicos, los autores asientan el máximo de la discusión on las psicosis agudas como momento de una histeria y la alteración de la personalidad con una temática sexual o mística como referencia al problema de la identidad del ser.
La enfermedad está en el sentido mismo de la identidad personal, sin elementos maníacos ni francamente confusionales, con alucinaciones casi oníricas, escénicas, invasoras, con desdoblamiento de la personalidad, sin pasaje a la cronicidad, y evolución por accesos, seguida de “restitutio ad integrum”.
Señalan que el cuadro de las psicosis agudas y subagudas debe reservar un gran lugar a las psicosis histéricas, confundidas a veces sin criterio semiológico suficiente con la esquizofrenia, lo