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Las observaciones que se aportan en este artículo, describen ciertos pacientes que buscan la insatisfacción y el dolor por el miedo a perder sus límites. Este artículo deja de lado la red de significaciones relacionales con las imágenes; el autor “juega el juego” de los pacientes y se refiere solamente a la fenomenología.
Resulta que dichas conductas aparecen como un esfuerzo del paciente para conservar su organismo, su “esquema psico-afectivo”, su forma. Son a su vez el testimonio de la existencia de una estructura dinámica inicial resultante de la interacción continua de dos fuerzas: una expansiva y centrífuga y otra tendiendo a la cohesión, limitadora y centrípeta. Sobre esta trama tiene lugar la sedimentación objetal, consecuencia de las “imagos” proyectadas y de lo vivido.
Todo desequilibrio cuantitativo entre los contenidos alimentadores de estas dos fuerzas, engendra una angustia de anonadamiento; toda vuelta al equilibrio está al origen de un placer narcista.
Estableciendo un cierto paralelismo entre los procesos evolutivos psíquico y paleobiológico, se puede decir que los citados enfermos no han podido conseguir el condensar en un eje interior esas fuerzas limitantes, conservatrices de la forma.
Una tal perspectiva lleva a distinguir teóricamente del mecanismo clásico del masoquismo objetal (defensa frente al Edipo), un mecanismo invertido y puesto en valor por las observaciones descritas, para quien parece más apropiada la denominación de narcisismo masoquista.
El autor que se ve igualmente en la necesidad de disociar los dos conceptos de Superyo e Ideal del yo, concluye en una nota técnica: se inspira en la actitud preconizada por Nacht con los grandes frustrados pregenitales y sugiere para los masoquistas análogos a los por él descritos, el saber aceptar plenamente y a su tiempo, el sentido que estos pacientes quieren dar a sus conductas masoquistas: un punto penosamente alcanzado y penosamente mantenido en el camino, para ellos tan difícil, de la sublimación