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H. Wallon ha demostrado: 1) que las funciones de actividad y emotividad aparecen unas tras otras durante los años tempranos; 2) que se realiza una progresión motora del acto al pensamiento. Nosotros pensamos que la evolución emocional y afectiva pueden producirse juntas, tomando bajo consideración los mismos hechos. Por otro lado, cualquier crisis evolutiva reproduce el progreso de las funciones motoras y emocionales.
La vida está hecha de esta serie de alternancias motoras y emocionales, para cada edad, con un cierto grado de maduración orgánica y psíquica de la función motora, así como otro nivel psíquico y orgánico de la función emocional (aunque necesariamente diferente).
La morfología refleja hasta cierto punto: a) la prevalencia funcional del momento (cada “momento” de diferenciación implicando un cierto grupo de criterios morfológicos a los cuales el concepto de “tipo” debe ser reducido); b) la intrínseca relación de las diferentes funciones de acuerdo a la edad tomada en consideración (todo lo individual, correspondiendo no a un tipo, sino a una “fórmula tipológica”).
Todo entra dentro del cuadro de una prevalencia tipológica y constitucional, lo cual, a su vez, debe tomar en cuenta las condiciones mesológicas e históricas.
Estos apuntes de Wallon nos traen la noción de una tipología “funcional y evolutiva”, reseña de la cual nosotros hemos dado en anteriores publicaciones.
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