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Éste es un estudio de las vicisitudes de un vínculo simbiótico en la relación transferencial.
En la primera parte de este trabajo hago la presentación del paciente y describo algunas de sus características.
En los capítulos siguientes, a los que asigno mayor importancia, me refiero a la instalación, desarrollo y resolución de un cuadro confusional ——uno de los varios en el curso del tratamiento—— que apareció cuando fracasó el vínculo simbiótico.
Mi primer contacto con Hernán fué a través de su hermana, quien apareció en mi domicilio particular, sorpresivamente, una mañana de mayo de 1959 y pidió conversar conmigo. Me dijo que su hermano, que estaba en tratamiento psicoanalítico, había hecho un episodio psicótico y que la persona que lo trataba me había recomendado para continuar su análisis.
Traté de concertar una entrevista con Hernán en mi consultorio, pero su hermana me aseguró que él se negaría a concurrir. Además me advirtió que la familia no podía tenerlo en su casa. Decidí entonces la internación. El analista que me había recomendado estuvo de acuerdo y se la propuso a Hernán. Ante la aceptación del paciente lo acompañó al sanatorio.
Ese mismo día comencé el tratamiento. No tenía más datos que los que he consignado. Ignoraba los antecedentes del paciente e incluso no sabía por qué había interrumpido su tratamiento anterior.
En el sanatorio encontré un muchacho de 19 años, alto y de aspecto agradable. No expresaba ansiedad. Sus gestos y sus palabras eran lentos. Se mostró ligeramente sorprendido por haber sido internado e inmediatamente comenzó a ponerme al tanto de su situación: había empezado a tratarse porque no podía estudiar ni trabajar. En el tratamiento había analizado sus sueños, pero en cierto momento no pudo diferenciar sueños de