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No ha tenido una profundización específica en la psicología moderna, en concordancia con la tradición filosófica que desde muy antiguo trae esta concepción, pero de todas maneras se halla involucrada, implicada o admitida en cierta medida en algunos desarrollos de la investigación.
La teleología afirma, fundamentalmente, la existencia y la importancia de las causas finales en oposición a la causalidad mecanicista; y esta oposición se ha visto indudablemente favorecida por la estrechez conceptual del mecanicismo. En la actualidad no se acepta la existencia independiente y opuesta de un determinismo causal y un determinismo teleológico, ya que este último se resuelve en la dialéctica del primero.
Para la conducta, tiene especial importancia la teleología, porque la afirmación de la existencia de una finalidad y un sentido, en los fenómenos orgánicos y psicológicos, ha sido siempre considerada como una posición metafísica y anticientífica, por anticausalista. Felizmente esta estrechez ha sido superada y podemos admitir que la conducta se orienta a algo, a una finalidad y a un objeto, sin que tengamos que recurrir a potencias ni entidades extrañas, a los fenómenos mismos. En el campo de la conducta está contenido tanto el presente como el pasado y las tendencias hacia un futuro, hacia un objetivo o una finalidad; pero esta tendencia hacia el futuro está incluída como elemento presente, en el campo actual (en cuyo condicionamiento interviene) y no como elemento aislado, superpuesto, que actúa, por sí, como causa final. Es decir, que el futuro no es causa, sino que interactúa en el campo presente y a su vez, es emergente del mismo. Siguiendo un término de L. K. Frank, K. Lewin llama “perspectiva temporal” a esta inclusión del pasado y del futuro en el campo psicológico.
Nos parece preferible hablar de un encuadre prospectivo, que tiene la ventaja sobre el término teleología, de eludir una aclaración filosófica que debiera repetirse insistentemente; se tra