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La teoría bolkiana de la fetalización aporta al psicoanálisis el fundamento orgánico cuya necesidad fué ya señalada por Freud. Encuentra dicha teoría su conclusión en una crítica de la cultura. Las concepciones de Géza Roheim constituyen la más marcada expresión de esta última.
Podemos ver en la antropología de G. Roheim un verdadero culturalismo en el sentido propiamente dicho de la palabra distinto de su uso actual. Para Roheim el momento esencial del desenvolvimiento de las instancias de la personalidad —o sea del período de latencia y de la crisis edipiana— es el estatuto ontológico del ser humano, estatuto que estriba en su 'ser inacabado” (inachèvement) que equivale a un verdadero “falta de ser” (manque-à-ètre).
Roheim considera la cultura como un lenguaje ambiguo que permite al ser humano de señalar su no-acabamiento (inachèvement) dándole al mismo tiempo una respuesta y una, solución. Considérase pues la cultura como un “estilo de vida” humano o sea bajo la forma de una vivienda del “ser inacabado”, de este 'manque-à-être” que es el factor de unificación del género humano. El hombre “ser inacabado” realiza su esencia en el cuadro de la cultura bajo la forma de necesidad de normas; proclama la ley y la trasmite a los demás hombres.
De tal modo la cultura es la solución del “enigma de la esfinge”. ¿Es el hombre! contesta Edipo salvando así su vida. Roheim nos invita pues a elaborar una “antropología antropomórfica” o sea dialéctica. Su concepción no se halla ni más allá ni más acá del psicoanálisis, es el psicoanálisis mismo.
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