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Señala el autor que es menester mostrarse cautos en el intento de generalizar los problemas de selección, dado que existen influencias culturales y sociológicas que aún no han sido estudiadas detalladamente. Informa luego sobre el número de postulantes en las asociaciones europeas, 167 en el año 1960, de los cuales fueron admitidos 95, en tanto que había 506 candidatos en formación, 306 miembros titulares y 298 adherentes. La proporción entre médicos y/o psiquiatras por un lado y no médicos por el otro era de 370 contra 234.
En cuanto a la selección en sí, reconoce que es más fácil enunciar las condiciones negativas que llegar a un acuerdo con respecto a las aceptables. En términos generales, en Europa prevalece el criterio de que el psicoanálisis es un método como cualquier otro, que todo psiquiatra puede aprender y aplicar. Por lo tanto, la selección es encarada más bien con el criterio de exclusión de los postulantes no adecuados que hacia la selección de los más aptos.
Por otra parte, en Europa, los psicoanalistas siguen siendo una minoría, dado que allí la condición en sí no es un medio para el logro de riquezas o de situaciones sociales elevadas. Además, está el hecho de que en Francia, Alemania y Holanda existen grupos organizados de psicoanalistas que no pertenecen a la I. P. A.
También hay una situación especial con respecto a los psicólogos y otros postulantes no médicos, dado que en esos casos se procura ver más en ellos una aptitud para el psicoanálisis.
Teniendo en cuenta estas consideraciones, postula una serie de cualidades como necesarias para la práctica. En primer lugar, la capacidad para la introspección, o sea, en qué medida el postulante comprende sus sentimientos y puede observarlos, recordarlos, asociarlos y evaluarlos, trasladándolos luego al pensamiento actual y en conceptos asequibles. Sigue la capacidad de identificación, en particular la forma en que la identificación está integrada dentro de la personalidad, debiéndose reconocer muy especial