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En este trabajo voy a hablar bastante de niños y un poco de adultos. Pero cuando me refiero a uno el otro está presente por contraste o implicación.
También quiero mostrar cómo trabajo. Pero me interesa más presentar, por así decirlo, la “antesala” de la interpretación que el producto final. En la antesala está toda una serie de supuestos que dictan mis preferencias y mi modalidad técnica. Este marco de referencia personal lo imagino constituído, principalmente, por todo un conjunto de preguntas semi-formuladas y de repuestas en un estado incipiente de elaboración.
Por ello planteo muchos interrogantes y sólo contesto unos pocos. Como suele ocurrir, las respuestas, a su vez, se resuelven en nuevos interrogantes. Quizá esto sea inevitable y hasta provechoso. La pregunta suele ser más significativa que el campo de posibles respuestas que genera.
Parto de una experiencia terapéutica que fué trascendente para determinar mi enfoque terapéutico actual. Me refiero a mi primer análisis de niños y al profundo impacto que éste me produjo. Mi impresión fué que de pronto se abría una gran perspectiva terapéutica y de que, al mismo tiempo, adquiría una nueva convicción práctica sobre ciertos conceptos analíticos, hasta ese entonces solamente aceptados en forma un tanto tibia e implícita. Además, tuve la impresión de que la nueva situación terapéutica requería un cambio en mi actitud con el paciente.
Cuando trasmití estas impresiones a otros colegas pude comprobar que ellos también habían experimentado un estímulo similar en circunstancias