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Creemos que una fuente importantísima para poder estudiar y comprender el significado que tiene la elaboración de un duelo, nos la brinda, además del trabajo analítico, la obra literaria de algunos autores que vuelcan en la misma los conflictos subyacentes a una mala elaboración del mismo.
Consecuentemente con este problema se derivan los relacionados con el objeto muerto que pasa a situarse en el centro conflictual y a tomar las características de objeto atormentador que se instala dentro del individuo y perturba su existencia. Bien sabemos por nuestro conocimiento analítico que todo individuo que arrastra un duelo más allá de lo normal, vive en un estado depresivo sometido a un objeto muerto al que quiere mantener vivo, o del cual no se puede desprender matándolo del todo.
Este trabajo se basará especialmente en las características que tomó este objeto muerto ubicado dentro del Yo de un famoso escritor y de las tentativas para manejar esta situación. Me refiero a Rainer María Rilke. Toda la vida de Rilke fué una tentativa infructuosa de elaborar una identificación con un objeto muerto, y esta tentativa dió como consecuencia la creación de una de sus obras más importantas: Los cuadernos de Malte Laurids Brigge. Esta obra considerada tanto por el autor como por sus comentaristas como una verdadera autobiografía sería el centro de este trabajo.
Para poder llegar a comprender el significado que tuvo el objeto muerto en la vida de Rilke debemos internarnos primero en la biografía del autor.
Rainer María Rilke nació en Praga el 4 de diciembre de 1875, sietemesino, hijo de José Rilke y de Sofía Enz. Es asombroso que ya los biógrafos de Rilke, señalasen a este matrimonio como poco apto para tener descendencia. Un año antes habían tenido una hija, Sofía, primer fruto de su unión, muerta en el mismo año. Cuando nació su segundo hijo le pusieron de primer nombre René, indicando así que debía tomar el lugar de la hija muerta. A sus padres debe Rilke la creencia de que era el últi