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Los rasgos de la conducta (lenguaje: asociaciones libres, narraciones, etc., y actividades: juego, dibujos, etc.) observados en la situación analítica (relación. paciente-analista), nos permiten describir fantasías conscientes e. inconscientes. Las primeras deben considerarse como defensas. Las segundas suscitan el problema del inconsciente. Puede señalarse que la estructura verbal de la fantasía procede de la situación observacional o del “insight” del observador. Fantasía no debe significar deseo, necesidad, propósito. Fantasía significa actitud reactiva y guarda su significación cuando implica el progreso de una serie de hechos (drama) en la que la imagen del otro es objeto de catexis y sentida como afectiva.
Surge entonces la cuestión de ontogenia de la fantasía. Se comparan dos tipos distintos de explicaciones: 1) las fantasías son innatas, expresiones cabales de los instintos inscritos en el organismo; 2) las fantasías son aprendidas, producidas por experiencias reforzadas por el ambiente social y físico, interjugando con impulsos endógenos cuyos patrones cambian con la integración nerviosa. La