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La fantasía consciente es accesible a la fenomenología, lo cual no ocurre con la “fantasía inconsciente” (o fantasma). Todo lo que se dice de la existencia y de la naturaleza de la fantasía consciente no puede aplicarse a la fantasía inconsciente, sobre todo la modalidad de la creencia del sujeto de la fantasía consciente y de su actitud en relación con la realidad.
Desde el punto de vista empírico, el postulado de la fantasía inconsciente es necesario psicoanalíticamente. En resumen, el psicoanalista formula con palabras, para sí mismo y para el paciente, “alguna cosa” que no se halla expresada explícitamente en el discurso del analizado y que el analizado desconoce. Se considera que, por lo común, la fantasía inconsciente es un proceso específico. La cuestión se plantea al intentar saber si toda interpretación, toda construcción no conciernen a la fantasía inconsciente.
Que la existencia de algo como la fantasía inconsciente sea garantizada por la experiencia nada nos indica sobre su naturaleza. Desde el punto de vista metapsicológico, el examen de sus relaciones con el deseo inconsciente y el recuerdo inconsciente conduce a subrayar el aspecto económico de este “estudio preliminar de la formación de los sueños y de los síntomas” (S. Freud). Investidura y reinvestidura, “valor” más que representación diferenciada, la fantasía inconsciente se presta a transposiciones del proceso primario.
Si se atiende al aspecto “valor” de la fantasía inconsciente, se puede plantear con mayor corrección el problema de las fantasías “originales”, insoluble durante tanto tiempo, y que es formulado en términos de representaciones diferenciadas.
Permite también articular la fantasía inconsciente y la consciente, recordando que la primera en tanto que inconsciente no llega a ser nunca una fantasía consciente.