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Cuando el futuro fetichista hace una observación traumática de la ausencia de pene en la mujer, reacciona, según Freud, con negación. De la descripción de Freud se evidencia que las observaciones efectuadas antes de que ocurra el trauma desempeñan también un papel importante. Es posible distinguir entre una fase pretraumática del desarrollo y otra postraumática, siendo necesario esclarecer la relación entre ambas.
El autor subraya el estado de excitación en que se halla el niño cuando ve desnudarse una mujer, antes de que haya tenido lugar la observación traumática. Cuando el trauma acontece, el niño puede negar lo que ha visto, y de este modo se atenúa el impacto del trauma. Una vez que ha desaparecido esta excitación, el niño puede tener el valor de reconocer la verdad de los hechos. Así su negación se relaciona con un estado de excitación, y el reconocimiento con un estado mental más equilibrado. Este reconocimiento conduce a admitir que es posible la castración.
Más tarde, cuando surgen de nuevo sus deseos sexuales, y no pueden ser contenidos por su ansiedad de castración, su yo debe incurrir de nuevo en la negación resultando una fijación del yo en el nivel pretraumático, es decir, antes de que su excitación sexual haya recibido un golpe desvastador. A fin de reactua-lizar la excitación del estado pretraumático, necesitará la presencia de uno de los objetos, preferiblemente el que más le excitó. Así, la presencia del fetiche es el signo de que ha conseguido recapturar el estado original en que su función sexual no había sido amenazada aún.
La fijación del yo requiere cierto reforzamiento a fin de impedir que se despierte la negación. Mediante desplazamiento de la energía correspondiente a las ideas sobre el falo femenino, aumenta el valor del fetiche. Este último paso comprende el desarrollo postraumático. De modo básico, la negación conduce a la formación del fetiche; pero una vez el fetiche ha sido establecido, su catexis aumentada facilita a su vez el mantenimi