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Los únicos datos que pude encontrar en la literatura psicoanalítica sobre el tema de la primera parte de este trabajo, la transferencia en el análisis de control, provienen de C. Landauer y fueron expuestos en una discusión sobre análisis de control [4]. Resumiré su exposición: La relación entre analista de control y candidato es por parte de éste muy ambivalente. Generalmente hace poco que ha terminado su análisis y por esta causa a menudo se encuentra deprimido o hipomaníaco. Siente agresividad contra su analista de control que éste debe calmar, tratándole con suma amistad. Uno de los fines del análisis de control es el de favorecer el desarrollo de relaciones de compañerismo entre el candidato y otros analistas. El analista de control tendría que tomar el papel de hermano mayor frente al candidato y no tratarle de alumno, sino de colega.
Concordamos con la opinión expuesta por Landauer, siempre que, como él dice, se trate de un candidato que haya dejado su análisis. Si esto no es el caso, una actitud demasiado cariñosa puede traer sus inconvenientes, como demostraremos más adelante. Para el caso del candidato que ya abandonó su tratamiento queremos agregar unas pocas observaciones [6]. En este caso es especialmente importante analizar detenidamente todos sus pequeños actos y su actitud en general frente al enfermo y llamarle la atención sobre cualquier situación contratransferencial, que le puede escapar con más facilidad, por haber dejado su propio análisis. En suma, debemos hacer un doble trabajo, controlándolo y sustituyendo al mismo tiempo a su analista didáctico. Comprendemos las experiencias hechas por Wilma Kovacs [3], expuestas en su trabajo Análisis Didáctico y de Control, quien sostiene que a menudo el análisis de la contratransferencia de sus candidatos los llevó a iniciar un tratamiento psicoanalítico con ella