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En algunos trabajos anteriores me referí a la función sintética del yo y su relación con el trabajo de construcción de los símbolos. Considerando el yo y el ello, Freud nos dijo que el procesa secundario se conformaba en la relación interpersonal. O sea que dentro de esa función sintética y del trabajo de construcción de los símbolos, la adquisición de un símbolo, es decir de una conceptualización, significa cuando es eficazmente logrado, el final de un largo trabajo de confrontación de la fantasía inconsciente con lo ambiental.
Por lo tanto pienso que la función sintética es primordialmente perceptual, desde que el yo luego de captar los estímulos profundos a través de la percepción de las fantasías inconscientes, o de cualquier otro elemento biológico y heredado, se aboca al establecimiento de la representación mental correspondiente. Ese trabajo de establecer representaciones mentales también es principalmente perceptual en lo que se refiere a la captación de estímulos ambientales, y con un mecanismo de progresión idéntico al anterior. Es fácil aceptar que en los comienzos ambos cuerpos de representaciones mentales se encontrarán desconectados, como si fueran dos estructuras independientes ubicadas en el preconciente, tal vez a suficiente distancia como para que estol pueda fundamentarnos una gráfica de lo que es posteriormente llamado el mecanismo de despersonalización o de extrañamiento; y por otra parte este esquema topográfico podría grancarnos la estructuración de la etapa esquizo-paranoide.
Por tanto en las representaciones mentales correspondientes a lo profundo como en las correspondientes a lo ambiental han de ocurrir idénticos fenómenos evolutivos, y en lo que se refiere al proceso que conduce a lo simbólico, la concretización ha de ser el aspecto estructural básico. Este fenómeno de la concretización ha de producirse en cuanto que dichas representaciones mentales se constituyen en base a signos y señales, y esto presupone la presencia del objeto que emit