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Esta novela, declarada la novela más importante del mes de diciembre de 1954 en Alemania, es la novela picaresca de la era de la burguesía, dice H. Wasmuth. “En medio de las mentiras y las apariencias, sólo el estafador, el impostor, lleva una vida real y verdadera”.
Sería completamente imposible identificar al autor con su héroe. La concepción del mundo de Krull y las consecuencias que de ella se derivan, de ninguna manera pueden ser las de Thomas Mann. Sin embargo, no puede negarse que éste siente una profunda simpatía por su héroe.
Greenaere [13 b], en sus estudios sobre esta novela, llegó a la conclusión que son descripciones casi maravillosas de los sentimientos y del funcionamiento interno de la vida del estafador, en qua la impostura es una de las posibilidades polimorfas de actividad. Señalaré que la actividad de nuestro protagonista, en la mente de Mann, duró casi toda su vida, y aun así no pudo finalizar la obra, debiendo dejarla aparentemente inconclusa. Como expondré en mi tesis, la impostura es la resultante de un complejo proceso intrapsíquico que se interacciona con la pauta familiar; cuando coinciden ambas pautas, de un modo particular que describiré, la división de la identidad se establece. Una de las identidades, la “falsa identidad”, se instala, quedando así configurada la impostura como estilo de vida.
Suponemos que Krull es el representante de una de las frustradas identidades de Mann, que el dinámico equilibrio del genial autor de La montaña mágica pudo elaborar y resolver a través de otra identidad: el artista.
El ambiente familiar de Krull se caracterizó por la “bella fachada”, que encubría un grupo incapaz de elaborar las depresiones y pérdidas. La madre, celosa del padre, era activa y trabajadora, pero pobremente dotada física e intelectualmente.
El padre era dueño de una empresa, que producía champagne mediocre y estafaba al público. “Poseía mucha gracia personal” … “era gordinflón y opulento, mujeriego, estafador”, y terminó en el suicidio. L