You do not currently have permission to view the full text for this document. Please sign in to an account with an active subscription or contact support.
La autora comienza su artículo expresando la opinión de que, al menos en un nivel inconsciente, el paciente moribundo sabe que se está muriendo, y que es esencial que no quede abandonado a su soledad y desesperación mientras aguarda la muerte. En el caso especial del paciente que se ha analizado, el contacto profundo que ha logrado con su analista, permite a éste brindarle alivio y confortarlo hasta el final.
Relata las vicisitudes del tratamiento y las características particulares de la transferencia y contratransferencia durante los últimos meses de vida de Alice, una paciente a quien, cerca ya de la finalización de un tratamiento psicoanalítico exitoso, se le diagnosticó un carcinoma inoperable que la llevó a la muerte en menos de tres meses.
Durante este lapso, la analista mantuvo con ella un contacto constante, visitándola constantemente en el hospital donde estaba internada y enviándole cartas. La conducta de la terapeuta fué adoptada tomando como única guía su intuición. Las fantasías de Alice expresaban su necesidad de estar sumergida, totalmente sumergida, en un amor que no le exigiera retribución, como en la relación madre-hijo ideal; la terapeuta tendió a satisfacer esta necesidad no cobrando honorarios y, además, llevándole pequeños regalos. Se destaca el incremento de la erogeneidad cutánea en el paciente moribundo, no sólo como expresión de la regresión, sino también, como un intento de mantener el contacto con el mundo exterior; la analista respondió a sus necesidades de contacto físico afectuoso sin vacilación.
Tanto paciente como analista evitaron la interpretación de sueños y fantasías referentes al próximo desenlace; la autora duda si no hubiera resultado más útil para la paciente verbalizar esta situación.
En el estudia de su contratransferencia, la analista señala el drenaje emocional que significó la atención de Alice; las etapas de elaboración de su propio duelo y, también, la gratificación obtenida al satisfacer algunas de sus propias fantasías i