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Si bien disciplinas como el psicoanálisis y la historia tienen mucho en común, la aplicación del psicoanálisis a los problemas históricos ha sido ocasional e insa-tisfactoria. La principal razón es que el psicoanálisis requiere la cooperación de una persona viva. Los fragmentos de hechos o productos de la imaginación de que dispone el historiador nunca son un sustituto de la gran riqueza de material que se descubre en un psicoanálisis individual. Si bien ésta es básicamente una dificultad insuperable, se podría lograr resultados valiosos si los historiadores se familiarizaran con ciertas gestalts típicas conocidas y comprendidas por los psicoanalistas, pues con frecuencia encontrarán dichas gestalts en el material histórico. De ese modo podrían llegar a cierta comprensión de las motivaciones inconscientes de la historia. También puede sugerirse que los historiadores utilicen la ayuda de psicoanalistas al estudiar importantes gestalts típicas en la historia, tales como la del asesino político, que hasta ahora no ha sido objeto de la investigación psicoanalítica.
Hay quienes como Kenneth Colby, consideran al psicoanálisis una rama de las ciencias naturales y, por lo tanto, les sería imposible o difícil aceptar este método como algo científico. Colby excluye a la Historia de las ciencias, porque “la evidencia es poco confiable para comprobar las hipótesis y muy insuficiente para establecer conclusiones generales”.
R. G. Collingwood, responde diciendo: “En léxico popular se dice a veces